viernes, 10 de octubre de 2014

Aprendiendo a titular como exige el jefe





















A veces pienso que la impunidad de esta gente les está quemando el coco, porque hay cosas que resultan ya tan evidentes, que sólo necesitan de prestar un poco de atención, nada más que eso, y en este país existe -aún- mucha gente que gusta de leer, que sabe reconocer estilos gramaticales, que conoce de sintaxis, y muchos también que al menos -como a mí- les llama la atención el reiterativo uso y abuso de exactamente las mismas herramientas retóricas para operar sobre el humor social general, apelando a prejuicios cognitivos ya instalados, o sesgos perfectamente individualizados.


Por lo general, estas modas nacen en la misma usina principal, en el cuartel general, en el bunker del grupo de tareas y operaciones del sr. héctor, en Clarín. Allí es que nacen como "vanguardia estilística", para luego expandirse y viralizarse rápidamente a todos sus medios satélites, los propios,  locales, regionales, provinciales y nacionales, y -desde hace más o menos dos años- también a las burdamente franquiciadas tapas de La Nación y El Cronista Comercial.

Ya todos conocemos el permanente uso en títulos del vocablo "embate" para referirse a todo acto de gobierno que perjudique o pudiera perjudicar intereses de privados, la ya bizarra expresión "estaría más complicado", o el uso de otras expresiones como "tal persona cruzó a tal otra persona" para abofetear a alguien a quien se necesite aleccionar, desde un título destacado o desde una tapa, exponiéndolo a estos correctivos mediáticos, verdaderas amenazas de exposición vergonzante y convite al escarnio público.

Pero lo que hoy me dejó sonreír por la mañana fue una manera de titular -o directamente, operar- que ya por reiterativa me resulta absolutamente infantil, y es el comenzar oraciones de títulos con "Ahora dicen que.."; "Ahora harían tal o cual cosa..."; "Ahora dan marcha atrás con..."; "Ahora quieren esto o lo otro...", lo que nos lleva en análisis a tener que decir que han dado un paso más, es que se han animado a desnaturalizar tanto las noticias, y de tal forma, que ya arrancan cebados, no tienen más vergüenza de venderte desde los títulos de sus diarios "opinión por noticia", gato por liebre.


No, ya ni los pone colorados el haberse olvidado de la noticia lisa y llana, y sólo dedicarse a verter opiniones a través de títulos de cada supuesta noticia que decidan hacer circular, sino que la nueva rosca ahora es condicionar la percepción de dicha opinión -disfrazada de noticia- condicionando ahora al lector desde el arranque mismo del título a recepcionar esa oración desde una particular emoción.

Y esta nueva "moda estilística" también comenzó en Clarín, pasó a La Nación, a El Cronista, y ahora ya es moneda corriente en todos sus otro medios, ¿ah, pero no sabías que el diario El Día de la Ciudad de La Plata también era de Clarín? Ahá, claro, como también lo son otros cientos de medios que fueron comprando, algunos por monedas, haciéndose cargo de deudas ocasionadas en condiciones desfavorables de competencia, la mayoría de ellos adquiridos mediante aprietes mafiosos, sumando delitos varios en concurso, pero con total impunidad.

Pero volvamos a este bonito recurso, al "Ahora dicen que...", que aunque lo hayan naturalizado en todos sus medios, no se trata de nada natural, al menos para titular una noticia, resulta cuanto menos curioso que en todos los medios desde hace un tiempo se esté titulando así. ¿Pero por qué insistir con arrancar así los títulos? Veamos este caso en particular.

Si hubieran titulado con "Buscan atenuar la suba en tarifas..." entonces se trataría sólo de una típica interpretación del diario sobre una determinada noticia, pero la elección de "Ahora buscan atenuar..." le suma una interpretación anterior a la interpretación de siempre, ya que se trata de transferirle al lector la supuesta incongruencia del actor principal de esa noticia -que se sitúa por detrás de la interpretación del medio- algo así como manifestar la inoperancia o quien sabe qué cosa fea del señor o los señores "que ahora buscan...". Este ardid sintáctico, predispone al fastidio del lector antes de la decodificación de lo que se dirá luego, porque denota una molestia, porque coloca en cierta incomodidad al lector -incluso antes de dar la opinión negativa del medio sobre la información que decidió finalmente dar- y ese arranque, lo que claramente se propone transmitir, no es otra cosa que hartazgo. Se trata de operar negativamente sobre el humor social, todo lo que el diario diga tiene que generar irritación, y el trabajar deliberadamente sobre ese eje es el objetivo principal del editor del medio.

Nada de esto es casual, porque el fin último de esta gente ya no es operar contra un gobernante en particular, van mucho más allá, lo que se busca es la deslegitimación de la clase política toda, sean quienes sean, la política como disciplina no merece respeto en quienes se benefician del status quo, que la política por definición misma busca modificar, algo bastante elemental si hablamos de intereses.

Por lo tanto quienes la ejercen, los políticos -salvo que se trate de gerentes travestidos de políticos que se dispongan a traficar como equinos troyanos las políticas destinadas a perpetuar el status quo- no sirven, son y serán agredidos, ridiculizados por inoperantes, analfabetos, garcas, chorros, inescrupulosos y corruptos, simplemente porque se dedican a la política, que es y será siempre fea, sucia y mala.

Por eso, el común denominador dentro de los objetivos visibles y palpables desde los medios de comunicación hegemónicos está la apuesta por la antipolítica, un amañado discurso que apela a un falso sentido común, que invita a creer que en lugar de políticos hay que tener exitosos gerentes que "administren eficientemente la cosa pública", tecnócratas que respondan a un manual de forma acrítica, que nunca se pregunten para quien verdaderamente trabajan, para que no se les ocurra transformar la realidad, nunca.


RG

10/14





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